La carencia de magnesio en las plantas es uno de esos problemas nutricionales que muchas veces pasa desapercibido hasta que el cultivo empieza a mostrar síntomas claros de debilitamiento. Hojas que amarillean, menor crecimiento o frutos de peor calidad suelen achacarse a otras causas, cuando en realidad la carencia de magnesio está jugando un papel clave. Por eso, entender cómo actúa este nutriente y saber corregir su déficit a tiempo es fundamental para mantener cultivos sanos y productivos.
Ya que el magnesio no es un nutriente secundario sin importancia. Al contrario, participa de forma directa en procesos vitales del metabolismo vegetal, por lo que su ausencia limita el desarrollo y el rendimiento final de la cosecha.
Por qué el magnesio es esencial para el desarrollo vegetal
Este elemento forma parte de la molécula de clorofila, responsable de la captación de la luz en la fotosíntesis. Sin una cantidad adecuada de magnesio, la planta no puede transformar la energía solar en azúcares de forma eficiente. Además, actúa como activador enzimático, interviniendo en reacciones relacionadas con el metabolismo de carbohidratos y proteínas.
Otro aspecto clave es su papel en la translocación de azúcares desde las hojas hacia órganos de reserva como frutos, raíces o tubérculos. Por eso, cuando falta magnesio, no solo se ve afectado el aspecto de la planta, sino también el calibre, el sabor y la calidad del producto final.
Cómo identificar la carencia de magnesio en las plantas
Detectar este problema a tiempo es esencial para evitar pérdidas productivas. A diferencia de otros nutrientes, el magnesio es móvil dentro de la planta, por lo que los síntomas aparecen primero en hojas viejas.
El signo más característico es la clorosis internervial, un amarilleo entre los nervios de la hoja mientras estos permanecen verdes. En estados avanzados, pueden aparecer necrosis foliar y una caída prematura de las hojas. Todo ello se traduce en menor vigor, reducción del crecimiento y peor respuesta frente a estrés hídrico o enfermedades.
Este tipo de carencias es frecuente en suelos arenosos, donde el magnesio se lixivia con facilidad, y en suelos ácidos, donde compite con otros elementos como el calcio o el aluminio.
Factores que favorecen el déficit de magnesio
La carencia de magnesio en las plantas no siempre se debe a una falta real del nutriente en el suelo. En muchos casos, el problema está relacionado con desequilibrios nutricionales o condiciones edáficas que impiden su correcta absorción.
Un exceso de potasio o calcio puede bloquear la asimilación de magnesio por las raíces. También influyen prácticas de riego intensivo, lluvias abundantes o un manejo inadecuado del abonado, que favorecen la lixiviación de nutrientes.
Por eso, antes de aplicar cualquier fertilizante, es recomendable contar con un análisis de suelo y foliar, que permita ajustar las dosis de forma precisa y evitar errores.
Cómo corregir la carencia de magnesio de forma eficaz
Una vez confirmado el déficit, la solución pasa por aportar magnesio de manera adecuada al cultivo y al momento fenológico. Existen distintas fuentes, tanto para aplicación al suelo como para tratamientos foliares, que permiten una corrección rápida y eficaz.
En fases clave como la floración o el inicio del llenado de frutos, las aplicaciones foliares resultan especialmente útiles, ya que mejoran la disponibilidad inmediata del nutriente y favorecen el transporte de azúcares. En el suelo, el uso de fuentes solubles ayuda a reponer reservas y prevenir futuras carencias.
Si quieres profundizar en las opciones disponibles y elegir la más adecuada para tu cultivo, puedes ampliar información en este artículo sobre los fertilizantes con magnesio, donde se explican las distintas formulaciones y su uso agronómico.
La importancia de una nutrición equilibrada
Corregir la carencia de magnesio en las plantas no debe verse como una acción aislada, sino como parte de una estrategia de fertilización equilibrada. Ajustar las dosis de macronutrientes, controlar el pH del suelo y adaptar el abonado al tipo de cultivo son claves para evitar que el problema reaparezca campaña tras campaña.
Cultivos como la patata, el maíz, la remolacha o la caña de azúcar presentan una elevada demanda de magnesio, por lo que requieren una planificación nutricional aún más precisa.
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